Lucero + Carlos

Restrepo, Meta

28.11.2015

Esperábamos entrar a Villavicencio por la vía antigua, pues no conocíamos la carretera nueva, que por cierto es muy linda, aunque falta mucho por terminar. De repente, estábamos atravesando la montaña en un lindo auto a 60 km, acompañados por dos personas maravillosas: los padres de Lucero, el señor Alberto y su esposa Dayra, quienes próximamente cumplirán sus bodas de oro (esperamos estar allá haciendo lo que amamos). Casi cinco minutos dentro del túnel Buenavista, hasta que por fin, llegábamos a esa tierra llana y hermosa, caliente y acogedora, llena de verdes y de la mejor carne de Colombia.

Era justo el mediodía, doña Dayra, se detuvo para invitarnos almorzar, mi cara de emoción fue imposible esconderla, iba a satisfacer mi antojo de carne a la llanera en el lugar propio. Mi padre estaba callado, un poco recatado, pero sé que por dentro también agonizaba por probar esa ternerita con yuca, plátano, guacamole y ají; y claro, no podía faltar su Coca Cola. Ya satisfecho nuestro apetito, continuamos el rumbo hacía nuestro destino, Restrepo, solo a 15 minutos de la capital del Meta.

Instalados en el hotel Las Acacias, ubicado detrás la iglesia del pueblo, esperábamos a Carlos para ir a conocer el lugar. Mientras tanto, nos atendía de la mejor manera la señora Myriam, recepcionista del hotel, a quien su nombre le hacía mucha gracia, pues su fervor por la virgen María era sorprendente. Llegaba Carlos, al fin nos veíamos cara a cara (solo habíamos tenido contacto telefónico), un hombre modesto y atractivo; a su lado, su prometida Lucero, con unos ojos esmeralda bellísimos, rubia, delicada y muy creativa. Nos embarcamos en la parte trasera de la camioneta y salimos directo para El Campanario a hacer el scouting. Salimos muy contentos de allí, la hacienda se prestaba para realizar un excelente trabajo, lo único preocupante era la hora, queríamos tener un poco del famoso atardecer del llano en nuestro reportaje, ypor esas fechas amanece y cae la noche más pronto; pero eso no fue un problema, todo salió como lo planeamos. Además, toda la decoración, de la cual estaba a cargo Lucero, estaba quedando espléndida; ella con sus propias manos cortó flores de su jardín y elaboró unos arreglos muy lindos, también, fabricó su tiara a escondidas del novio, una pieza maravillosa que le llevo unas buenas semanas.

Entrada la noche Carlos muy considerado nos devolvió al hotel, pero nosotros no queríamos descansar, salimos a dar una vuelta a pie buscando algo de comer. Empezábamos a preocuparnos, solo veíamos asaderos de pollo, y nuestra conclusión fue que estaban cansados de comer ternera. Menos mal, después de caminar unas cuadras, encontramos una de las mejores hamburguesas que hemos probado. Y así fuimos directo a descansar para estar con toda la energía al siguiente día.

Desde muy temprano un taxi nos llevó al hotel Wyndham Garden, empezaba nuestro reportaje, las mujeres se maquillaban para estar más lindas de normal y nosotros disparábamos nuestras cámaras felices; no importaba el calor, pero no podía faltar la hidratación. Mi padre se iba con Lucero, yo con Carlos; como casi siempre, un poco de nervios combinados con afán. Salimos de allí para la ceremonia, todo se hizo en la hacienda, el sacerdote acepto salir de la iglesia para realizar el casamiento allí. Nosotros ya estábamos sumergidos en nuestros roles, la entrada fue magnífica, un acompañamiento musical espectacular y vanguardista por parte de MusicArt; llego la sesión de fotos para los novios cortejada por la noche, rato después la fiesta, mucho Chivas, mucho aguardiente y buenas fotos…

Agradecemos cariñosamente a Carlos y Lucero por la atención tan amable y oportuna que nos brindaron, les deseamos los mejor en su nueva vida. Y como dijo mi padre durante todo el viaje citando al “gran filósofo alerta”, ¡el llano es muy lindo!

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